Hay gestos pequeños que, observados de cerca, revelan más de lo que aparentan. La firma de email es uno de ellos. Un apéndice humilde, casi invisible, que muchos tratan como el felpudo de casa: algo que está ahí, cumple su función, pero rara vez recibe una mirada consciente. Y sin embargo —ironías del mundo digital— ese puñado de líneas puede ser lo último que lea alguien antes de decidir si confía en ti, si te recuerda… o si te olvida con la misma facilidad con la que se archiva un correo irrelevante. Crear una firma de email profesional no es un ejercicio de vanidad, sino de coherencia. Es la versión contemporánea del apretón de manos: breve, elocuente y cargado de significado. Y como todo gesto bien hecho, debe parecer natural, aunque detrás haya mucha reflexión. La firma como espejo de tu marca personal Tu marca personal no vive solo en LinkedIn , en tu web o en una presentación pulida con esmero quirúrgico. Vive también en los márgenes. En esos espacios secundarios donde, parad...